La Nación El método que tonifica la musculatura de manera armónica y estimula la coordinación
02/10/2026
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Nacida de la danza clásica y el ejercicio físico, se posiciona como una de las prácticas más completas para trabajar el cuerpo, reeducar la postura y aquietar la mente
El término barre proviene del francés y significa, de manera literal, barra. Sin embargo, detrás de una denominación en apariencia tan simple se esconde todo un desarrollo técnico, metódico y disciplinado. Un sistema de entrenamiento integral que combina la fuerza estructural y la elegancia de la danza clásica, la precisión biomecánica del Pilates y la exigencia de resistencia del fitness moderno. Se plantea como una disciplina de alineación consciente, diseñada para transformar la relación del practicante con su propio esquema corporal.Dentro de este abanico de posibilidades, destaca con peso propio el funcional barre, una derivación contemporánea que toma las bases de la técnica tradicional y le imprime una cuota superior de dinamismo al sumar elementos del entrenamiento físico, tales como cargas moderadas, bandas elásticas de resistencia, pelotas y secuencias cardiovasculares.El médico que corre por el mundo sin zapatillas desde los 60 años“Me gusta pensarlo como una actividad que toma la elegancia y la reminiscencia del baile clásico y la resignifica, aprovechando sus fortalezas y combinándolas con un entrenamiento de alta intensidad centrado en la resistencia muscular, el trabajo de fuerza con cargas moderadas, un ritmo dinámico y ejercicios isométricos. Funcional barre es la fusión perfecta de técnicas diseñadas para ser desafiantes y accesibles a la vez”, señala la instructora y especialista Noelia Dehesa, quien define a esta práctica como profundamente transformadora y versátil.En cualquier caso, el método se articula a partir de la barra de ballet como pilar central. En algunas etapas del trabajo funciona como un apoyo sutil para afianzar el equilibrio, mientras que en otras se convierte en la gran protagonista de la sesión. Su función central radica en favorecer una postura erguida, facilitar la ejecución de movimientos de alta precisión muscular y desarrollar una fuerza sostenida en los músculos estabilizadores del tronco y las extremidades, permitiendo que personas de cualquier edad, condición física o habilidad técnica puedan integrarse sin la obligación de contar con experiencia previa en el ámbito de la danza.Para comprender la génesis de esta disciplina, es imprescindible remontarse a la década de 1950 en Europa. Su pionera fue Lotte Berk, una destacada bailarina alemana formada en la más rigurosa tradición clásica que, tras sufrir una severa lesión en la columna vertebral que amenazaba su carrera, concibió en Londres un método de trabajo totalmente novedoso.Berk integró a la barra de entrenamiento una serie de ejercicios de rehabilitación articular combinados con los principios elementales del ballet, logrando así mantener el tono muscular, la estabilidad del core y la flexibilidad, sin comprometer la zona lumbar ni sobrecargar la espalda.Hacia los años 70, la técnica cruzó el océano Atlántico para instalarse en Manhattan, donde adquirió una notable notoriedad al ser adoptada por celebridades de la época como Barbra Streisand y Joan Collins. Con el transcurso de los decenios, aquella semilla inicial evolucionó de manera natural hacia la síntesis contemporánea que hoy congrega danza, Pilates, yoga y trabajo funcional.En el ámbito local, si bien la proliferación de estudios dedicados a la disciplina comenzó a consolidarse formalmente alrededor de 2015, en los últimos años el entrenamiento experimentó una expansión en las principales ciudades del país. En ese tiempo, Dehesa encauzó su trabajo hacia el estudio sistemático del cuerpo y la anatomía funcional.Tras iniciar su capacitación en Rosario, se entrenó en las célebres academias Ballet Beautiful y Pure Barre en Nueva York, tomó clases en el destacado espacio Barreshape de París y completó perfeccionamientos en Madrid y Sevilla antes de consolidar su propio método pedagógico. Desde entonces, coordina y da clases en el Centro Norma Fol, el espacio de yoga y otras actividades fundado por su madre.Cuidadosamente articulada para guiar al cuerpo a través de un recorrido progresivo, la clase se inicia con una fase de activación orientada a desbloquear rigideces articulares y liberar la tensión acumulada en el tórax y la cintura escapular. Luego, la atención se traslada al trabajo central en la barra y frente al espejo.“La barra es un elemento básico y fundamental que nos ayuda a mantener una postura alineada, mejora el equilibrio y facilita estiramientos más profundos. En la barra no hacemos ballet, ¡hacemos de todo!”, asegura Dehesa al describir el trabajo en clase, incluidos ejercicios de resistencia para piernas, glúteos y brazos con el uso de mancuernas de carga moderada, bandas elásticas y pelotas de estabilidad.Hacia el final, la rutina se traslada al suelo sobre el mat, y se enfoca en las planchas y los denominados “abdominales de bailarina”, que involucran la postura, activando y fortaleciendo el core. La sesión concluye con un bloque de elongación y relajación guiada.“Quienes creen que las bailarinas clásicas son frágiles, se equivocan: es un entrenamiento superintenso, progresivo, beneficioso y hermoso”, afirma Dehesa.En cuanto a sus beneficios, en el plano físico, la técnica tonifica la musculatura de manera alargada y armónica sin generar una hipertrofia excesiva, estimula la coordinación y promueve la neuroplasticidad al compás de la música. En otro nivel, uno de sus mayores atributos del funcional barre reside en la reconexión con el momento presente que demanda cada movimiento. “Te hace sentir mejor, más allá del resultado estético. En el instante en que estás entrenando, solo podés estar ahí: respirando, sintiendo, practicando, desafiándote y transpirando, con un cuerpo vivo y una mente a la que no le queda otra opción que dejar de pensar y enfocarse en el presente”, concluye.
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